viernes, 9 de noviembre de 2012

Otto (y II)

 El último conejo que comimos, nos lo trajo Doninha.





 Ella enseñó a cazar a Otto,





 que creció muy deprisa.





 (El placer de desayunar)






 hasta convertirse en un precioso animal, curioso y valiente. Este día se tiró a la alberca estando yo dentro.



 Mi madre (que se rompió una pierna y pasó unos días conmigo), no pudo resistirse a sus encantos (a los de los dos).





 Lo más bonito que tienen estos perros es su naturaleza. Son salvajes cuando viven en libertad, cuando no están acompañados. Y absolutamente amorosos cuando sí lo están.




 Siempre nos acompañaban en el desayuno...





y en la cena. Entre un momento y otro solían salir a cazar, y no siempre, muy a menudo también nos acompañaban durante el día.




...Otto desapareció hace unas semanas...

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