lunes, 26 de noviembre de 2012

Funghi

Después de mucho tiempo, Pepe, María y Mara volvieron para pasar unos días con nosotras.
Pepe lo hacía con la ilusión de ir a coger setas y nos preguntó si habíamos visto muchas.
¿Setas?
No, nunca habámos visto setas por allí, así que salimos a pasear contentos y sin fe.






















































Conclusión: No hay nada como saber lo que se busca.




Al poco de enterarse de nuestro nuevo interés, Afonso, artífice de tantas cosas, nos dejó en el banco de la entrada esta nutrida colección de macrolepiotas.




 En revuelto, a la plancha, rebozadas (rebozadas, deliciosas!). Nos las zampamos en la cena.


martes, 20 de noviembre de 2012

Huevos

_"Sin embargo, no eran los pájaros, sino los huevos, lo que me fascinaba. De color azul pálido o blanco moteado, descansan en el nido, cerrados, inexplicables, llenos de su propia plenitud. Me parecía que si cogía alguno, lo cual mi padre nunca me habría permitido hacer, sería demasiado pesado para sostenerlo, como un trozo de materia de un planeta mucho más denso que el nuestro. Lo que más me sorprendía de ellos era que fueran tan diferentes de cualquier otra cosa. Eran semejantes a sí mismos y a nada más. Y con esta individualidad extrema censuraban todo lo que los rodeaba, el disoluto mundo de arbustos, zarzas y desenfrenadas hojas verdes."_

 "El intocable" de John Banville, 1997.

 Nido de jilguero








_"Una cosa que siempre me llamó la atención fue el contraste entre el nido y el huevo, me refiero a la contingencia del primero, por muy bien construido o por hermoso que fuera y la entereza del último, su prístina plenitud. Antes de ser un principio, un huevo es un absoluto final. Es la propia definición de lo que es autosuficiente."_

"El mar", de John Banville, 2005.







 Nido de perdiz.




NIdo de paloma.

_"El huevo es una de las maravillas de la cocina, y de la naturaleza. Su forma simple y plácida aloja un milagro cotidiano: la transformación de una blanda bolsa de nutrientes en una criatura viva, que respira, vigorosa. El huevo se ha visto durante mucho tiempo como un símbolo de los enigmáticos orígenes de los animales, de los seres humanos, de los dioses, de la Tierra, del universo entero. El libro de los Muertos egipcio, el RigVeda indio, los misterios órficos griegos y los mitos de la creación de todo el mundo se han inspirado en la erupción de vida desde el interior de la cáscara blanca e inerte que supone el huevo.
Si los huevos inspiran algún sentimiento hoy en día es aburrimiento con un toque de aprensión. El huevo de gallina es ahora un producto industrial tan familiar que sería casi invisible...si no hubiera sido estigmatizado por la fobia al colesterol de las décadas de 1970 y 1980.
Ni  la familiaridad ni el temor deberían eclipsar la gran versatilidad de los huevos. Su contenido es la esencia primigenia y no estructurada de la vida. Por eso son proteicos, por eso el cocinero puede utilizarlos para generar tal variedad de estructuras, desde un ligero e insustancial merengue hasta unas densas natillas de sabor persistente. Los huevos reconcilian el agua y el aceite en una amplia gama de salsas uniformes; refinan la textura de los confites y los helados; dan sabor, sustancia y valor nutritivo a sopas, bebidas, panes, pastas y pasteles; añaden brillo a la repostería; aclaran los caldos de carne y los vinos. Por sí solos se prestan a ser hervidos, fritos, horneados, asados, encurtidos y fermentados.
Mientras tanto, la ciencia moderna no ha hecho sino acentuar la validez del huevo como emblema de la creación. La yema es una reserva de combustible obtenido por la gallina a partir de semillas y hojas, que a su vez son reservorios de la energía radiante del sol. Así pues, el huevo encarna la cadena de la creación, del polluelo en desarrollo a la gallina, a las plantas que la alimentaron, y de ahí a la fuente original del fuego de la vida, la esfera amarilla del cielo.
Un huevo es luz solar transmutada en vida."_

Comienzo del capítulo 2 ("Huevos"), "La cocina y los alimentos" de Harold McGee, 2007.
(merece la pena leer el capítulo entero. Es demasiado largo para reproducirlo aquí)


  Huevos de nuestras gallinas.




viernes, 9 de noviembre de 2012

Otto (y II)

 El último conejo que comimos, nos lo trajo Doninha.





 Ella enseñó a cazar a Otto,





 que creció muy deprisa.





 (El placer de desayunar)






 hasta convertirse en un precioso animal, curioso y valiente. Este día se tiró a la alberca estando yo dentro.



 Mi madre (que se rompió una pierna y pasó unos días conmigo), no pudo resistirse a sus encantos (a los de los dos).





 Lo más bonito que tienen estos perros es su naturaleza. Son salvajes cuando viven en libertad, cuando no están acompañados. Y absolutamente amorosos cuando sí lo están.




 Siempre nos acompañaban en el desayuno...





y en la cena. Entre un momento y otro solían salir a cazar, y no siempre, muy a menudo también nos acompañaban durante el día.




...Otto desapareció hace unas semanas...