Pepe lo hacía con la ilusión de ir a coger setas y nos preguntó si habíamos visto muchas.
¿Setas?
No, nunca habámos visto setas por allí, así que salimos a pasear contentos y sin fe.
Conclusión: No hay nada como saber lo que se busca.
Al poco de enterarse de nuestro nuevo interés, Afonso, artífice de tantas cosas, nos dejó en el banco de la entrada esta nutrida colección de macrolepiotas.
En revuelto, a la plancha, rebozadas (rebozadas, deliciosas!). Nos las zampamos en la cena.







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